martes, 6 de octubre de 2015

DESDE LA BANCA

Después del Maratón CdMx del año pasado me había tomado algunos días de descanso que se convirtieron en semanas que, sin darme cuenta, se volvieron meses hasta llegar al 2015.

Me había metido en la cabeza la idea de correr algún Major este año así que apliqué para Chicago y NYC después de tener mi primer decepción cuando no salí en la lotería para Berlín.

En alguno de esos días de principio de año fue que me lastimé jugando fútbol. Como siempre, pensando que soy invencible, no me cuidé y se agravó la rodilla en la cancha del Deportivo Avierto en un partido que debimos ganar (sí, cómo no) pero perdimos 1-9... ja.

Desde la banca tuve que ver pasar a mis compañeros del Run And Run cada fin de semana en cada carrera a la que acompañaba a Ingrid. Aunque siempre me emociono cuando veo a mis compañeros y amigos del equipo, no era lo mismo estar esperando a que pasaran para animarlos que poder correr junto a ellos. La participación para el maratón de la Ciudad de Mexico la veía cada día más lejos hasta que un día la dejé ir de mi corazón y decidí que mejor me concentraría en recuperarme para poder hacer el maratón del próximo 11 de Octubre.

Empecé a hacer terapia con unas fisios que son unas campeonas, Lau y Vale; dieta con Ari para bajar los 12 kilos que gané en mi flojera obligada; revisiones con el Dr. Saya y Héctor Martínez que terminaron de dejarme listo para regresar a correr hace tres meses. Gracias.

Que ya sea domingo 11 de Octubre de 2015, ya estuvo bueno de soñar con ese maratón. 

Hace rato mi papá, el verdadero IronBerna, me posteó esta canción en mi fake book para animarme rumbo a la carrera.

Chicago
"25 or 6 to 4"

sábado, 19 de septiembre de 2015

85+30

Ese día desayunaba con mi hermana en el comedor de la casa. Nos habíamos mudado dos semanas antes, después de haber viajado durante casi un año desde Tultitlán hasta el Pedregal todas las mañanas para ir al kinder. Esa es otra historia que no voy a contar hoy.

Mi mamá nos acompañaba en el desayuno y mi papá se preparaba para llevarnos a la escuela. Cuando empezó todo, los dos pensaron que se trataba de una broma del otro.

- No te hagas el chistoso, deja de mover ese mueble. - Reclamaba mi mamá hasta que se dio cuenta que al mueble con las botellas que chocaban unas con otras no lo movía nadie.

Tati y yo estábamos sentados en una mesa redonda de madera que hacía un pequeño rechinido con el temblor. Yo trataba de llevarme la cuchara a la boca desde un plato de frijoles en caldo con garabatos de crema. Dije trataba porque todo se movía y no podía dejar mi cubierto en el plato. El ruido de las ventanas golpeando era cada vez más fuerte pero un temblor era algo que yo no había vivido, ni siquiera sabía lo que era, así que intenté terminar mi desayuno.

Después de recibir tremendo regaño de mi mamá por no levantarme de la mesa, me abracé a ella y su panza de 9 meses que traía a mi hermano Axel dentro y que nacería justo 15 días después. Mi papá cargó a mi hermana y tras una intensa, aunque veloz, discusión para decidir bajo qué marco nos colocaríamos, nos abrazamos los cuatro (cinco) y nos pusimos a rezar.

La roca volcánica sobre la que está ese edificio crujía con cada ir y venir del terremoto.   Hoy, parándome en el mismo punto en el que nos refugiamos, no alcanzo a ver lo que veía ese día.

Una de mis tías vivía en un edificio en la calle Antonio M. Anza, frente al multifamiliar Benito Juárez, en la colonia Roma. Cada fin de semana, las reuniones de mi familia paterna eran ahí y cuando nos íbamos, lo hacíamos por la calle de Orizaba que se volvía un paso a desnivel debajo de algunos edificios del conjunto, uno de los caminos más bonitos por los que he andado y que el 19 de septiembre de 1985 dejó de existir.





Cuando el terremoto terminó, mi papá llamó a su hermana para preguntarle cómo estaban. Ella le respondió que estaban bien pero que había mucha neblina y no se veía el multifamiliar Juárez. Minutos después se enteraría de que se trataba del polvo provocado por el derrumbe de los edificios.

En aquel entonces no tuve mucho contacto con todo lo que generó el terremoto. Probablemente ayudó que mi hermano naciera en esos días y que él y mi mamá tuvieran que estar en la casa. De cualquier manera, las veces que salimos, mis papás tuvieron el cuidado de no tomar rutas donde hubiera demasiados edificios derrumbados aunque tengo el recuerdo de ver a mucha gente haciendo campamento durante años en San Lázaro.

Hasta la prepa, después de leer Nada, Nadie de Elena Poniatowska fue que entendí, más o menos, la magnitud de lo que había sucedido diez años antes. Veinte años después, conocí la historia de Adriana, una amiga que junto a su madre, perdió absolutamente todo lo que tenía en Tlatelolco.

Aún así, con tantas historias tan fuertes, hay gente que sigue sin tomar con seriedad los simulacros, las medidas de seguridad, la experiencia de las personas que lo vivieron, que se atreve a decir "no pasa nada".

Algo nos sigue faltando a muchos de nosotros. En mi familia, por ejemplo, no tenemos un plan de dónde encontrarnos o qué acciones tomar en caso de una emergencia. Ingrid y yo hemos platicado sobre tener una mochila lista con documentos, medicinas, agua y dinero para cada uno pero hasta ahí hemos llegado, no pasamos de las palabras al hecho.

Es cierto que va a seguir temblando en esta ciudad y que un día, que no sabemos cuándo será, va a venir otro gran terremoto. Ojalá nos podamos tomar las cosas más serias y hagamos un plan con los que son más cercanos a nosotros, desde el trabajo hasta la casa.

Rockdrigo González
"Máquina del Tiempo"

jueves, 25 de septiembre de 2014

SIEMPRE SE PUEDE

MATEO.

Conocí a Mateo hace no tanto tiempo.   He visto cómo lo han disfrutado sus papás desde que lo estaban esperando y cuánto lo han querido siempre.   Como a todos, me sorprendió y dolió la noticia de su enfermedad a principios de año, lo menos que uno quisiera es que los niños pasen por cosas así.   A pesar de los difíciles momentos por los que ha pasado su familia, algunas cosas buenas han surgido.   Se ha formado una comunidad entorno a él donde, empezando por los ánimos y buenos deseos, se ha buscado la manera de ayudarlos y estar con ellos para salir adelante juntos.

Su recuperación dio un gran paso ayer.   Yo digo, porque así lo siento, que es ya el definitivo.   Haciendo una crónica, empezó con el diagnóstico en enero y fue seguido inmediatamente con las quimioterapias.   Aún cuando la mejoría en cada análisis era evidente, los doctores indicaron que era necesario un transplante.   Después de más estudios, el mejor candidato para esa donación resultó ser mi amigo Armando, su papá.   No sé, porque no los tengo, qué siente uno cuando tiene a un hijo enfermo.   Afortunadamente todos los papás que conozco, empezando por los míos, siempre han dado absolutamente todo para que sus hijos estén bien.   Bueno, para las aseguradoras esto no existe.   Como Armando era un donador voluntario, la operación para salvarle la vida a su hijo no estaba cubierta en su póliza.   Lo más importante, es que Mateo y Armando han ido para adelante con su salud y están muy bien hoy.   

A partir de entonces, todos empezamos a pensar de qué manera podríamos ayudar.   Muchas actividades se han ido realizando para eso.   Rifas, pulseras, pinturas, comidas y muchas otras grandes ideas que han ido sumando en ayuda.   A mi realmente no se me había ocurrido nada que yo sintiera que pudiera funcionar bien hasta que un día, Gaby Portillo y Cristina, su mamá, me preguntaron por qué no vendía mis kilómetros del maratón.   No me pareció mala idea, pero no sentía que fuera a juntar demasiados donadores.   Gaby, tan corazón de pollo y altruista como siempre, me ayudó a armar el grupo en Facebook y así fue como empezó el Maratón por Mateo.   Fue una sorpresa la manera en que los amigos se interesaron y se anotaron para comprar su kilómetro y apoyar a Mateo.   En tan sólo tres semanas se juntaron 172 donaciones equivalentes a 4 maratones que prometí correr en su nombre pero que, él no lo sabe todavía, pienso proponerle que hagamos mitad y mitad.   Para correr ese día, hicimos una playera con el escudo del equipo con el que entreno en el pecho y el nombre de todos los donadores en la espalda, algunos de los cuáles no habían podido hacer el maratón por inoportunas lesiones.   Para mi, ese maratón lo íbamos a correr todos juntos.

LA CARRERA.

El año pasado me había debutado como maratonista.   Aunque no tenía un equipo con quien entrenar, sí tenía un programa que estaba llevando rigurosamente y me hacía sentir cada vez mejor.   Faltando mes y medio me lesioné, tuve que detener totalmente mi entrenamiento durante cuatro semanas y así llegué a la carrera.   Éste año tenía miedo de que sucediera lo mismo, más porque mi trabajo me tenía ocupado en tiempo y estrés que no me dejaban concentrarme en mi preparación.   Solo faltaban dos semanas para correrla y apareció la temida lesión.   Después del último entrenamiento de distancia no podía caminar, el tobillo derecho me mataba de dolor aunque no estaba hinchado.   Necio como siempre he sido y seré hasta el último de mis días, no por otra cosa sino por mi genética paterna, fui al doctor tres días después.   
- Julio, no aguanto el tobillo.- Y seguimos hablando sobre la lesión de un año antes que él mismo atendió. 
- No sé. No te quiero asustar. La semana pasada vino otro corredor con los mismos síntomas y tenía fractura por estrés. Vamos a sacarte unas placas.-
Me gustaría decirlo de otra manera pero no la encuentro, me cagué.   No podía dejar de correr el maratón.   Tenía la responsabilidad de correr los 42 kilómetros que habían donado y para mi lo más importante, había invitado a Mateo para que entrara conmigo al estadio y correr los últimos metros juntos.
- Tus huesos están bien, tienes un poco inflamado el tendón nada más.   Si quieres correr ese día, vas a tener que parar mínimo ésta semana.-
Así lo hice, la verdad es que no pero casi, y el domingo hice el último entrenamiento con el equipo.
Un día antes de la carrera, Male y Armando nos invitaron a cenar a su casa.   Nos pusimos de acuerdo para el día siguiente y me fui a dormir casi temprano para despertarme al cuarto para las cinco del día siguiente.
El domingo me levanté temprano, y estuve listo desde las 5.00 am.   Cuando Ingrid me llevaba al metro para después verse con mis hermanos y mis papás, una camioneta nos pegó por detrás. Una borracha que se quedó dormida no hizo más que recargarse en nosotros en el alto de Sonora y Puebla.   Por suerte, no hubo nada que arreglar.
De Chapultepec a Hidalgo no fueron más de ocho minutos.   Llegué al punto de reunión del Run and Run Team y empecé a contagiarme con la gran actitud de todos mis compañeros.   Nos abrazamos, nos deseamos suerte y salimos corriendo todos al baño.   Había llovido toda la noche y por un momento pensé en mi amigo César Volador diciendo "mi sueño es que llueva toda la carrera", yo no quería lluvia pero afortunadamente iba disminuyendo de intensidad.   Las últimas semanas de entrenamiento las había hecho con Gris y habíamos decidido correr juntos ese día, las distancias nos habían salido a buen ritmo y nos pareció buena estrategia acompañarnos lo más que se pudiera ese día.   Nos metimos lo más adelante que pudimos en los corrales.   Faltaban 2 o 3 minutos para la salida y la banda de guerra de no sé dónde tocó el himno.   Al mismo tiempo, como si alguien hubiera abierto una llave, comenzó a caer una tormenta.   Parecía una de esas lluvias de las 7.00 pm, agua, viento, frío.   Cuenta regresiva y disparo de salida.   A pesar del clima, mucha gente estaba en la calle con paraguas, bolsas o cartones para taparse un poco y seguir apoyando a los corredores.   Durante los primeros 10 kilómetros, la lluvia estuvo en más o menos la misma intesidad.   María, otra compañera del Run and Run Team, venía haciendo equipo también con nosotros.   Nos decía que íbamos muy rápido y que era mejor bajar de ritmo, así lo hicimos pero yo por dentro empecé a dudar que fuera a terminar igual que nosotros.   Llegamos a la Diana y vi a dos locas con playera verde brincando en una grada, eran mi hermana y mi novia que le avisaban a mis papás y hermano que ya íbamos a pasar frente a ellos.   Ésta vez no fue sorpresa encontrarlos en el recorrido como el año pasado pero igual fue mucha mi emoción por verlos ahí.    
Entramos a Polanco y al llegar a la chingadera esa conocida como Museo Soumaya, empezó a oler muy mal.   Había una fuga de agua de caño que se confundía en un principio con el agua que había quedado encharcada por la lluvia en todos los baches de esa calle.   ¿Qué hicimos? Chingarnos y meter los pies en ella, entre más pronto pasáramos por ahí, mejor.   Regresamos por Mazaryk a Mariano Escobedo y justo antes de entrar a Gandhi vi otra vez a Ingrid que me saludaba y me decía puras cosas chidas.   Corrimos tantito de la mano casi hasta donde estaba mi familia con otro recargón de energía con su apoyo.   Adelante, casi llegando a la mitad de la ruta, justo antes de entrar a Chapultepec, Gris me preguntó cómo iban mis tobillos, no sé si notó que empezaba a hacer cara de "ay wey, me está doliendo más" o no pero le dije la verdad, "más o menos".
Ahí estaba mi amiga Cynthia que me reconoció y gritó mi nombre, le pregunté por su hermano Héctor y me dijo que iba adelante y bien.   Unos metros adelante, María, la misma que yo pensé al principio que no iba a aguantarnos el ritmo, empezó a acelerar el paso y no tardó en perderse adelante de nosotros.   El dolor poco a poco seguía creciendo y vi cómo mi velocidad disminuía.   Salimos del bosque y fue el último momento en el que vi a mi familia antes de llegar al estadio, traté de poner la mejor cara para no preocuparlos pero ahora que veo las fotos, veo que no lo logré, me veía cansado y faltaba mucho todavía.
Bajamos por Reforma hasta dar la vuelta sobre Insurgentes en el 26km.   Ahí tomé mi segundo aire y me sentí fuerte de nuevo, el dolor se quedó atrás y mi condición la sentía bien otra vez.
No me duró mucho el gusto.   Entramos a la Condesa y en la glorieta de Veracruz me estaban esperando Laura Carrillo, Chechey y Chesco con sus hijos y Luis Valente con su novia.   Fue otra vez un envión de poder para mi pero así como me fui para arriba cuando los vi y abracé a Chechey, me fui para abajo unos metros adelante.   El dolor había regresado con más fuerza y sabía que ya no me iba a dejar.
Eso sí, me dio mucha alegría la lona con mi nombre que puso Inki en nuestra ventana y que vi cuando pasé por ahí. Unos metros adelante estaba Janisse saludándome y de pronto mi hermano que había salido de no sé dónde empezaba a correr conmigo.  "Ahí está Fanny también" me avisó y alcancé a decir adiós.
-Te voy a acompañar todo Ámsterdam.- Me dijo muy tranquilo.
Yo, que ya estaba pensando en detenerme y caminar un poco, pensé que no podía hacerlo frente a él así que le di las gracias mientras me grababa con su cel y me decía que yo podía terminar, que si me sentía bien y la verdad, no me acuerdo de mucho más.   A todo le dije que sí pero ahora, en retrospectiva, le mentí... quería mandar todo a volar en ese mismo instante.
Nos despedimos y le dije a Gris que ya no quería seguir deteniendo su ritmo, era evidente que me estaba esperando y yo no iba a mejorar para alcanzarla.   Nos despedimos en Nuevo León y vi como se empezó a alejar a mucho más velocidad de la que traía conmigo.
Julia y Humberto me volvieron a levantar el ánimo adelante, si bien no tenían la torta de tamal que me habían prometido, estaban ahí y chocar mi mano con la de ellos me puso de buenas.
Un poco más adelante estaban Tania, Juan Carlos y Heriberto del equipo.   La cara de susto cuando me vio Tania y luego sus saltos y gritos "¡Venga, flaco! ¡Ya falta menos!" me hicieron el momento y me ayudaron a seguir también.
Busqué a Cristina cuando pasé por Xola pero entre tanta gente no nos encontramos y no pudimos correr juntos los metros que habíamos planeado.   A la que si vi fue a Nelly que estaba regalando plátanos y cuando me vio, me dio uno que le agradecí con un abrazo.
Zulma y Josué que me acompañó abrazado unos metros.   Así me encontré a Pablo Anzorena, Octavio, Alejandra e Iván, Diego, Sara y Carlos, Daniel Duhalt que me decía que traía en su mochila todo lo que yo necesitaba y a Gabriel Mata.
Llegando al Teatro de los Insurgentes empecé a oir gritos junto a mi que no entendía, como en cámara lenta volteé y vi a Esther saltando y sonriendo mientras me decía que me veía muy bien, que faltaba poco, que lo hiciera por Mateo. Al día siguiente me confesó que cuando me vio, no me reconoció de lo mal que me veía pero que cuando se dio cuenta de que era yo, supo que tenía que hacer una fiesta junto a mi para que pudiera llegar a la meta.   Mientras los gritos y saltos de Esther me despertaban, Rodrigo Segura nos gritaba y tomaba muy buenas fotos del momento.   Dos kilómetros estuvo Esther conmigo, casi hasta donde estaba la porra de mi equipo.   Desde varios metros atrás yo veía ondear la bandera amarilla con nuestro escudo azul de Run and Run Team y pensaba "Dios, si en verdad existes y si acaso me estás escuchando, déjame llegar con ellos". Ya sé, suena dramático pero en verdad solo necesitaba chocar mi mano con ellos para animarme de nuevo y poder llegar con algo a la meta.   Mi tiempo ya era una risa, no iba a mejorar lo del año pasado pero tenía que ver a mi amigo Mateo en la meta.
Por fin llegué y ahí estaba Xó hasta adelante que abrió mucho los ojos y gritó mi nombre, yo supuse que no me veía bien porque esa era la cara que ponían los amigos que me iba encontrando.   Como dije, seguí chocando mi mano con todos los runandrunners y un poco más adelante oí otra vez mi nombre.
-¡Berna!- Una chava me veía con ojos de pregunta y decía otra vez mi nombre pero ahora cómo pregunta.
-¿Berna, eres tú?-
No nos conocíamos en persona pero gracias al equipo y al Maratón por Mateo, sabíamos de nuestra existencia.   Sinceramente, no sabía cómo me llamaba en ese momento pero después de oir dos veces mi nombre reaccioné.   Era Diana Sanz que por una lesión no había podido hacer el maratón pero desde el principio se había involucrado con Mateo.
-¡Sí, soy yo!
Adelante estaba mi papá, a quién no esperaba ver ahí y me ayudó a hacer los últimos metros antes de entrar al estacionamiento del estadio.   Cada que veo a mi papá en esas cosas deportivas a las que a veces me acompaña, lloro, de felicidad y orgullo, él me enseñó a correr y es mi ejemplo de deportista desde siempre.
Pensé que no iba a ver a Mateo ya, me había tardado mucho y supuse que el calor que hacía ya en ese momento no iba a dejar que me esperaran.   Entonces oí gritos de nuevo, vi a Male, Armando y Mateo que corrían para alcanzarme más adelante.   Me acerqué, nos abrazamos los adultos, los besé y Mateo, con la mejor sonrisa que he visto en mucho tiempo, me dijo que estaba listo para irnos.
Tomé su carriola y corrí hacia el túnel.   Salió a nuestro paso alguien de seguridad para decirme que no podía entrar con él... Le grité que era mi hijo y lo esquivé para seguir adelante.   Tomó su radio mientras decía "me detienen al cabrón con la carriola".   Seguimos y ahora salieron dos que ya no pudimos evitar.
Después de discutir durante 5 minutos y tratar de que entendieran que tenían que dejar entrar a mi amigo al estadio y cruzar la meta, llegamos al acuerdo de que la carriola se quedaba ahí y yo tenía que cargarlo para entrar.
Así lo hicimos, entramos por el túnel gritando él y yo junto al resto de los corredores que pasaban en ese momento por ahí.   Salimos a la pista y saludamos a todos, le dijo "¡Hola!" a su familia, a la mía y a todos los que de alguna manera estuvieron al pendiente de su salud desde que lo conocieron.   Le expliqué que la meta la tenía que cruzar corriendo y le pregunté si quería hacerlo. "Sí, corro".    Para ese momento yo ya iba llorando emocionado de verlo tan contento y tan fuerte.   Cruzó la meta y lo levanté para que saliera en la foto.
No hay mucho más que contar.   Nadie dijo que fuera a ser fácil ni tampoco tan difícil pero al final, lo importante es que Mateo ya va solo para adelante.
Una de mis canciones favoritas.

Coldplay
"The Scientist"





viernes, 29 de agosto de 2014

LA PARED EXISTE

Me acosté, me coloqué los audífonos y puse el RAM de Daft Punk.   Tenía toda la intención de quedarme dormido temprano mientras oía música pero no pude, era mi primer, y hasta ahora único maratón.

Mi plan era dormirme a las nueve, despertarme a las 5:00 para salir a las 5:45 y estar a las 6:00 en la Alameda Central.   La última vez que vi el reloj eran las 12:20 am.   Me desperté a las 3:00, me decepcioné por la hora y acepté que ya no iba a dormir y seguí con la música que había preparado.

Yo no corro con iPod pero siempre oigo mucha música y tengo mi playlist de corredor para las carreras importantes.

Llegó el taxi que había pedido desde la noche antes, me contó que no había dormido para pasar por mi, que se había quedado con una de sus novias para hacer tiempo mientras daba la hora pero que se había aburrido porque no había podido tomar.

En metro Tacubaya me encontré con otros corredores.   Para cuando llegué a la Alameda, a las 6:00 de la mañana, ya había mucha gente y me acerqué al frente para ser de los primeros en salir.   Estiré como pude, estábamos tan pegados unos con otros que a alguien no le gustó y tiró una patada que le respondieron, empujones, mentadas de madre, tranquilos, le parto su madre, pues órale, etc.   Supongo que fueron los nervios pero me cagó estar cerca de esos dos pendejos, correr es justo un deporte donde no cabe la violencia, no hay manera, pero la encontraron.

Hay un wey que siempre está dirigiendo las ceremonias en las carreras, ésta vez contó sobre el maratón de las olimpiadas de 1968, de las fanfarrias que se habían compuesto para aquella ocasión y que se volverían a tocar después de 45 años.   Para ese momento yo ya no podía más y las emociones me tenían llorando, no era el único.   Tocaron el himno, lo cantamos y cuando terminó, sonó el disparo de salida que sentí como una descarga de adrenalina en el corazón, las piernas y la panza.

Todavía sobre Juárez alcancé a escuchar que alguien me gritaba, ¡venga, Tato!, volteé y vi a mi amigo Lalo, fue la primera sorpresa en la carrera, no esperaba encontrar a nadie en la salida y otra vez a llorar.

Yo había calculado correr a 6:00 min el kilómetro pero me dejé llevar por el ánimo de la carrera y estaba haciendo un minuto debajo de eso.   Mientras pasaba La Palma y me encaminaba al Ángel de Independencia, vi que había una lona que decía IronBerna42k, en ese momento reconocí a mi familia que además iban uniformados con playeras que igual traían la misma leyenda. Lágrimas otra vez, pero con más energía después de chocar mi mano con la de ellos y escuchar sus gritos de apoyo que cómo ayudan a seguir.

Entramos a Polanco, salimos de Polanco, continuaba encontrando a mi familia que iba siguiendo el recorrido del maratón y habían hecho un plan para verme en diferentes puntos de la ruta. Todo bien pero cuando entramos a Chapultepec, por ahí del km 21 tuve que hacer una parada estratégica en el bosque un minuto.

Cuando salía de ahí para tomar de nuevo Reforma, mi hermano me acompañó algunos metros que me sirvieron para mantener el buen ánimo y soñar en cerrar en menos de cuatro horas.
Más adelante estaba Javi Marroquín que corría a mi lado y me tomaba fotos, me preguntaba cómo iba, brincaba coladeras, esquivaba aficionados y me decía “venga Kleinchas, ya falta menos, mano. Te ves bien”. “Empiezo a darlas, Javi. La neta” recuerdo haberle contestado antes de tomar la glorieta de Insurgentes.

Ya en Chapultepec creo haber visto el 28k y empezar a sentir que ya no estaba funcionando como debía.   No podía concentrarme y empecé a tener pensamientos negativos.   Quise saber qué tan mal iba y se me ocurrió hacer operaciones matemáticas mentales, como si fuera tan bueno haciéndolas pero pensé que si podía hacer multiplicaciones y divisiones, podía distraer mi mente y no dejarla que tuviera ideas como sentirse cansada y abandonar.

Fue más o menos ahí, cuando llegaba a Ámsterdam y Sonora, que vi una chava del público que traía una cartulina colgada del cuello que decía “VASELINA”.   Ver ese cartel a la distancia fue un rayo de esperanza para mi.   Hacía algunos kilómetros que la playera me lastimaba y apresuré el paso para agarrar el abatelenguas que tenía en la mano pero justo cuando estaba por tomarlo, el corredor que iba adelante de mi, lo agarró. No hay palabras para describir la desilusión y dolor que sentí en ese momento, era la última dosis que tenía y me la habían ganado.

A partir de ese momento me desconcentré por completo, vi a dos corredores que se descomponían en calambres frente a mi, una chava tendida sobre el asfalto que era atendida por unos paramédicos, otro corredor vomitando sobre el camellón y yo que sentía que en cualquier momento estaría como ellos.

Me había encontrado con la pared y no había nada que me motivara a seguir.   Un calambre amenazaba con aparecer en mi muslo izquierdo y caminé por primera vez.   Consideré no seguir, tomar el teléfono y avisar que no llegaría al estadio.   Tuve pena porque sentí que estaba fallando pero no podía más. Solo quería caminar por Nuevo León hasta Insurgentes y tomar un taxi a mi casa.

No recuerdo cómo, pero llegó mi segundo aire y, a paso de gallo-gallina, comencé a correr nuevamente. Para ese momento solo faltaban 5 kms que, en un día normal de no maratón, he corrido en 22 mins.   Pero ese día el tiempo y las distancias parecían de otro mundo.   Corría durante muchos minutos y veía que solo había avanzado unos cuántos metros. Mucho me ayudó ver a mis amigos en el último tramo de la competencia para no mandar todo a la chingada.   

Los últimos dos mil metros los hice corriendo sin parar, con mucha gente gritando y apoyando a los corredores.   Uno de los detalles que más me gustaron de los organizadores fue que el número tiene anotado tu nombre, entonces propios y extraños te gritan, te animan y oir tu nombre es distinto a “vamos, corredores… ya falta poco… sí se puede” (me caga el "sí se puede").

Llegué al estacionamiento del estadio, bajé por la rampa al túnel, quise gritar pero no me salió la voz, salí a la pista para los últimos metros y no sé cómo, mis piernas olvidaron que ya llevaban 42 kilómetros encima, corrí sin dolor, como si fueran los 100 metros planos, justo antes de cruzar la meta, vi otra vez la lona y ubiqué a mi familia.
Por fin pude gritar y llorar de felicidad otra vez.

Es el primer maratón que hago, ese día dije que no volvería a hacerlo pero en la noche ya estaba pensando en el del próximo año, el de éste domingo.   Hoy sé que quiero hacer muchos más, mi meta es reunir la palabra MÉXICO con las medallas pero sueño con correr en otras ciudades y vivirlo en diferentes condiciones.   Sin duda, es la experiencia deportiva más gratificante que he tenido.

Yo ya dije que no puedo correr con música, no me gusta ir peleando con los audífonos y el sudor pero este blog siempre se despide con alguna canción y hoy elegí a una parte del soundtrack de unos de mis churros ochenteros favoritos, Streets of Fire.   Diane Lane en sus espectaculares veintialgo, Willem Dafoe de malo desde entonces y Rick Moranis de idiota como siempre.

Fire Inc.
“Nowhere Fast”

viernes, 23 de agosto de 2013

NOVATO

Casi un año desde la última vez que unas letras desfilaron por aquí.
Con el mismo pretexto, ahora regresan pero con el esfuerzo redoblado, el Maratón de la Ciudad de México.
Meses entrenando, cuidando la alimentación, durmiendo temprano y, lo que parecía más difícil, dejando de fumar los últimos cuatro meses.
No sé cuándo fue que me propuse hacerlo pero sé que tiene mucho tiempo.   Mi memoria a veces exagera y tiene registros de mis primeros años de consciencia.   Me recuerdo acompañando a mi papá en casa mi abuela viendo DeporTV con Joserra que entrevistaba al ganador del maratón de la Ciudad de México en algún año del principio de los 80's.
-¿Qué ganó ese señor? ¿Qué es un maratón? ¿Para qué corrió tanto?- preguntas obvias.   Desde entonces siempre he sabido que es uno de los más grandes retos físicos y mentales que alguien puede plantearse.   ¿Por qué hacerlo? Porque es difícil pero no imposible, como casi todo.
No han sido pocos los días de entrenamiento en los que me he preguntado qué chingados estoy haciendo ahí pudiendo estar metido en la cama todavía o sin tener que aguantar frío o lluvia.   Realmente no hay ninguna necesidad, ninguna más que hacer fuerte la propia voluntad y demostrarse a uno mismo que el nefasto "sí se puede" en realidad debería ser "siempre se puede".   No importa qué tanto le platiquen a uno cómo son las cosas, ya me quiero ver luchando contra mi mismo cuándo aparezca la famosa "pared" del 35km.
En fin, sólo dos días más para estrenarme como maratonista.   Siendo un novato en ésta distancia no tengo más meta que terminar la competencia y poner una marca que con el tiempo iré mejorando.   Llevo varios días emocionado y ansioso porque llegue el momento del Himno Nacional, de la cuenta regresiva, el disparo de salida, de la ruta del '68, los gritos en el camino, los amigos encontrados en el recorrido, del Estadio Olímpico, de mi familia y mi novia en la meta.
Así que gracias a los que me van a acompañar de alguna manera el domingo.
Pasando el maratón viene el triatlón un mes después, a ver si muy Iron Berna.
A propósito de estrenos, el 26 de agosto es el lanzamiento del nuevo CD de Franz Ferdinand... Auuuu!!!

Franz Ferdinand
"Love Illumination"

jueves, 13 de septiembre de 2012

MEDIO

Se me olvida escribir.   Se me olvida escribir o hago como si no me acordara, es cierto.   Yo traté de escribir ésta entrada al día siguiente de lo que se supone haré crónica hoy pero terminé por desviarme del tema, en cierta manera y como siempre, y la entrada se convirtió en un correo que no podía esperar y ese día se tenía que hacer.   El asunto es que me he dado cuenta de que ahora me cuido de mi mismo, un poco, y no me dejo escribir todo lo que pasa por mi mente.

Ya lo había dicho, cada vez que escribo siento que me quito un pedazo de quién sabe qué armadura, que me hace sentir que hablo de más, que me pongo vulnerable y por eso es que está abandonada ésta boca que sigue siendo mía.

Entonces, me regreso once días y estoy decidiendo si hago medio o un maratón completo.   Le cuento a mi familia, a mis amigos, lo pienso.   Es cierto que no hay por qué forzar nada si no estoy preparado.

Me gusta correr porque no importa cuántas personas vayan junto a ti, es algo que haces sólo y yo aprovecho, casi siempre, para pensar y poner más o menos en orden mis ideas.   Medio maratón parecía suficiente.   Probablemente necesitaba ocho maratones, completos y sin parar pero de mucho sirvió.   Aunque, si fuera necesario correrlos, metafóricamente hablando, claro, los voy a correr, ya sabes que sí.

Fue un gusto encontrarme en el camino con tanta gente conocida que salió para ver pasar a los corredores.   Más gusto que me acompañara mi familia y me esperaran mis amigos, todos los que me dijeron que iban a salir a saludarme ahi estuvieron.   Esas cosas llenan.

Correr se parece mucho a como es un poco todo.   No lo había acabado de entender, pero se trata de tener paciencia y encontrar el ritmo adecuado para llegar al final.   Justo en eso estoy.

Aplicaría, por supuesto, una analogía pambolera de esas que me gustan pero ya me alcanzó el sueño y traigo una gripa que debía desde hace como dos años y hoy llegó cobrando intereses.

Franz Ferdinand
"Eleanor Put Your Boots On"

viernes, 24 de agosto de 2012

24.08.12


Where's the love song? 
to set us free.
Too many people down. 
Everything turning the wrong way around.

And I don't know, what love will be.
But if we start dreaming now, 
Lord knows we'll never leave the clouds. 

And you've been so busy lately, 
that you haven't found the time, 
to open up your mind 
and watch the world spinning gently out of time. 

Feel the sunshine on your face. 
It's in a computer now. 
Gone are the future, way out in space. 

And you've been so busy lately, 
that you haven't found the time, 
to open up your mind 
and watch the world spinning gently out of time. 

Tell me I'm not dreaming but are we out of time?

(Felicidades a mi jefe en su día)

Blur
"Out of time"

miércoles, 21 de marzo de 2012

¿DÓNDE TE AGARRÓ EL TEMBLOR?

Pasaron algunos meses, más de medio año, antes de que yo volviera a escribir algo aqui.   Los mismos meses que llevo diciendo que hoy sí voy a postear algo y el mismo tiempo que me hago wey.   Las razones son muchas y los pretextos, más.

Llevo ocho semanas viviendo aqui.   No es un edificio nuevo pero tampoco es demasiado viejo.   De cualquier manera, no me gustaría estar aqui si hay un temblor como el que hoy tuvimos en la Ciudad de México.   7.9 grados Richter es lo más cercano que haya sentido respecto al terremoto de 1985 que acabó en buena parte con la capital.


Entonces también tenía poco tiempo de haberme mudado con mi familia a la casa donde ellos viven.   Recuerdo lo que desayunaba con mi hermana ese día, el sonido de los muros tronando y los cristales vibrando.   De eso platicamos hoy.

¿Que dónde me agarró el temblor? En la oficina, como a casi todas las personas que conozco.   Unos en el piso 15 o en la planta baja, otros en Ciudad Universitaria dónde no es común que se perciban los sismos.   Yo, reconozco que me asusté.


Por la tarde tuve la esperanza de que a mi regreso a casa ya no estuviera la Estela de Corrupción... me confundí, quise decir la Suavicrema... digo, La Estela de Luz... No, ahi sigue la chingadera esa.   La verdad es que sería una tragedia si se hubiera caído, porque ciertamente hay muchas personas pasando por ahi durante todo el día.   Sería mejor que la desarmaran y la vendieran por kilo.   Lo que sí vi camino al Superama, fue un edificio sin algunas piezas de su fachada y otro más que se quedó sin ventanas. 

Regresé hoy a casa revisando piso por piso hasta llegar a mi departamento para ver si no encontraba alguna grieta, todo en aparente orden.   Una vez dentro, le hablé a Nina que salió a encontrarme con cara de, según yo, "ay cabrón, estuvo rudo hoy". 

-No chilles, Nina.   Aguántate como los machos.- Como si pudiera entenderme.


En fin, ya me aburrí de leerme.   ¿Será que las próximas entradas mejoren?.   Ojalá que sí o Esta Boca Es Mía empezará a despedirse por falta de mantenimiento.


Del muro del Pinky brincó hasta mi blog ésta rola.   Encontré ésta versión con un wey con cara de angustia por encontrar un baño que no deja de hacerme reir y al mismísimo Chico Che cantando y meneando tambo y bigote mientras interpreta semejante joya.


Chico Che
"¿Dónde te agarró el temblor?"