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miércoles, 26 de febrero de 2025

Ballena. A+EE (02|20)



 "No se deje engañar por las apariencias. Realidad, no hay más que una."
Haruki Murakami.


Me soñé en Halifax caminando junto a una ciénaga donde crecían carrizos y lirios que se perdían y aparecían conforme se abría y cerraba la niebla. Mientras caminaba, sentía mis pies pesados hundirse en el piso que era una combinación de lodo y pasto congelado que oía crujir en cada paso que daba.

Después de algunos minutos de andar, llegaba al punto donde se mezclaban la laguna con el mar y una montaña de piedra se levantaba junto. A esta montaña le habían labrado un camino que subía en una rampa hasta la cima.

Yo subía caminando por ahí a la vez que miraba hacia el mar por algunas aperturas que había en el camino de piedra por el que iba. Veía que pasaba nadando muy despacio una ballena enorme que exhalaba profundo en el momento que su lomo alcanzaba la superficie y me daba cuenta que detrás, como si fuera un desfile, venían otras ballenas de diferentes tamaños, todas con movimientos pausados y elegantes, yo pensaba que serían tal vez una familia que estaba migrando hacia otras aguas.

En ese momento, yo estaba por llegar a la cima de la montaña cuando a lo lejos, en el borde donde nacía el camino de piedra, veía sentada a mi abuela, la mamá de mi padre, que recargaba el peso de su cuerpo sobre una mano y con la otra acariciaba el agua del mar que tenía junto a ella. Veía que también observaba a las ballenas. Estaba de espaldas a mí y no podía ver su rostro, pero sabía que era ella y le gritaba. ¡Abuela! ¡Abuela Olga! Y entonces volteaba y yo veía que sí era, pero era una versión suya mucho más joven, tanto como una foto que tenemos de ella de cuando tenía veinte o veintiún años por ahí de 1939.

Yo bajaba corriendo hasta donde estaba para preguntarle qué estaba haciendo ahí, pero no me respondía, sólo me veía y, en silencio, regresaba la mirada a las ballenas.

Nunca he estado en Halifax, he pasado sobre ella y sé que no tiene montañas de piedra. A veces sueño con ballenas, pero casi nunca con los muertos.


"Signos"
Soda Stereo
Gira Me Verás Volver


miércoles, 18 de diciembre de 2024

Apuntes Oníricos: Hola


Estaba con Sofi en un mercado al que, cuando era niño, iba con mi madre todos los viernes al salir de la primaria. Ahí siempre nos encontrábamos con mi amigo Julio, que también acompañaba a su mamá para hacer el mandado. Mientras ellas se ponían a platicar de cualquier cosa que no nos interesaba, Julio y yo recordábamos las hazañas del recreo de esa mañana.

Mi mamá tenía muy arraigada la idea de que el hígado era bueno para la salud, y, salvo que tuviera la suerte de que algún amigo me invitara a comer a su casa, los viernes sólo había una certeza en mi vida: habría hígado encebollado en la mesa.

Bueno, pues ahí estábamos Sofi y yo, caminando y platicando por el mercado lleno de gente, colores, olores y sonidos. No recuerdo hacia dónde íbamos, pero pasamos junto a un puesto de flores y vi unos claveles marchitos. Bajé a Sofi de mis brazos y le pedí que no se moviera de ahí, que me esperara frente al puesto mientras yo me acercaba a recortar las flores marchitas y regresaba por ella para seguir nuestro camino.

Tomé las flores, corté las marchitas con unas tijeras que aparecieron en mi mano y devolví el resto al recipiente con agua que hacía de florero. Fue en ese momento que me di cuenta de lo que acababa de hacer. Pensé que mi trastorno obsesivo-compulsivo no diagnosticado había llegado demasiado lejos y que nunca debí dejar sola a una niña de cinco años, ni siquiera por un segundo. Miré hacia donde la había dejado, pero ya no estaba.

Empecé a gritar un nombre que no era el suyo, sino el de su madre, pero mi voz apenas se oía entre el bullicio de los vendedores y la gente que pasaba. Nadie me escuchaba, nadie parecía prestarme atención. Sofi no aparecía por ningún lado. La desesperación me invadía, sentía mi corazón latir con fuerza, gritaba y lloraba desesperado, pensando cómo iba a poder vivir después de haberla perdido.

Entonces, como pocas veces me ha pasado, me di cuenta de que estaba soñando. Fui consciente de estar caminando en una pesadilla y de que sólo tenía que despertarme para que todo terminara.

Abrí los ojos. Hacía frío. Eran las cuatro con cuarenta y tres minutos. Esperé un minuto más y me volví a dormir.

Hoy comí tacos de guisado en mi taquería favorita para eso y me pedí dos de hígado encebollado, uno con arroz y otro con frijoles y requesón. Tacos Hola mi amor.


"505"
Arctic Monkeys
Favourite Worst Nightmare