4.4.11

ES LA HORA

Ese pretexto del cambio de horario, que acostumbran tantos, siempre me ha parecido injustificado y vacío.   Será que todo el fin de semana estuve enfermo de la barriga pero hoy no tenía fuerzas para levantarme. . .   El viernes, antes de escuchar a Single en el Pasagüero, pasamos Brenda, Armando y yo (como siempre, las identidades fueron cambiadas por seguridad de los protagonistas de la historia) por una cerveza al Salón Corona.   Aprovechando. . . una torta de pulpo unos, una de pierna el otro. Tan buena que estaba, tan mal que me puso el fin de semana.   Entonces, ya no sé si fueron los efectos secundarios de la torta o el cambio de horario pero ayer, estuve todo el día sin saber dónde estaba, qué hacía o para dónde iba.
A pesar de eso, me dormí con la convicción de levantarme a correr a las seis treinta de la mañana y probar si mi tobillo ya puede, después de tres meses, dejar de chillar por aquel esguince, de aquel día, de aquellos dolores.   
Puntual como todos los días, inoportuno. . . también, en la oscuridad de la noche-mañana sonó el despertador sólo para que lo tomara en mis manos y al verlo saliera desde mi corazón un "suputamadre que son las cinco treinta del viejo horario. . .".   Obvio, no salí a correr.   Irresponsablemente cambié para las siete y cuarto la alarma y cerré mis ojos mientras me acurrucaba dentro de mi cama. 
De alguna manera que aún no logro descifrar, a las ocho y dos minutos me desperté con el celular en la mano. . .   "¡nooooooooo!. . ." mientras al mismo tiempo pateaba las sábanas que cinco segundos antes me habían seducido hasta tal punto que no me di cuenta cuando apagué por segunda vez el despertador y continué metido en ellas hasta esa hora. ¡De un salto me puse de pie! con paso zigzagueante caminé hasta el baño mientras me regañaba por mi flojera mañanera que me tenía una hora tarde, en lunes. . . "pinche Bernardo. . . siempre es lo mismo. . . si hubieras ido a correr. . . pero ¿qué tal ayer?. . . hoy si te duermes temprano, cabrón. . . etc".   Por si fuera poco, no estaba planchada mi camisa. . . en realidad nunca lo está y es algo que hago saliendo de bañarme.   En tiempo récord para mi, estuve bañado, rasurado (peinado nunca) y vestido a las ocho veintiocho.   Llegando a la oficina supe que no fui el único que había encontrado problemas en la mañana para librarse del cambio de horario. . .   ¡Ah! ¿la camisa? para casos de emergencia me permito ponerme alguna playera de manga larga que no requiera plancharse y que hoy me mata de calor.
En boca cerrada, no entran moscas. . .


The Fratellis
"Chelsea Dagger"