9.9.09

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La impresora terminaba de entregarnos una de las últimas láminas cuando escuchamos sus risas en la oficina de abajo. . .

- Estos cabrones ya estan de putos, creo que ya se pusieron a bailar.
- ¿y cantando?. . .

Llevábamos una semana trabajando para terminar el avance del proyecto, la mayoría de los días alargando la jornada laboral hasta la madrugada del día siguiente, sin cobrar desde hace varias semanas, disculpándonos con nuestras mujeres (una por individuo, no quiero que se malinterpreten mis palabras) por cancelarles y/o cambiarles el plan nocturno acordado y prometido días antes.

Mientras pensaba en esto dejé de escuchar sus risas y silbidos. No le había dado importancia hasta que Konrad lo mencionó con cierto tono de angustia. . .

- Wey. . . ya se quedaron jetones mientras aqui están sus pendejos revisando que la impresora no se atasque.
- ¡Oigan cabrones!. . .- les grité sin recibir respuesta-. No mames, sí se durmieron. . .
- Pues ya están todos los planos, vamos a ordenarlos abajo y a darles un susto por culebras. . .


No imaginabamos la escena con la que nos encontramos cuando llegamos con ellos. César, parado en una esquina y con una sonrisa desquiciada, hablaba algo que nosotros no alcanzábamos a escuchar y mucho menos entender, sólo veíamos como se abrían y cerraban sus labios rápidamente murmurando algo mientras movía velózmente sus ojos de un lado a otro con la mirada hacia el techo. Los demás yacían en la alfombra desangrándose y ya sin la vida que minutos antes aún habitaba sus cuerpos. Uno de ellos había caído sobre una parte de la maqueta que lentamente se pintaba de un rojo intenso. El cuello abierto con una fina ranura hecha por el cutter que el dueño de los ojos locos sostenía en su mano siniestra.

Fue en ese momento que Konrad y yo aterrados nos miramos a los ojos a la vez que los dos nos preguntamos. . .

- ¿Y ahora qué mierdas vamos a entregar?. . .

The Animals
"The House Of The Rising Sun"